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15 aplausos: Gustavo Alemán


Tras una vida dedicada a otros menesteres profesionales, en 2003 descubre la fotografía. Cursa el grado superior de Imagen en el IES Ramón y Cajal de Murcia, y posteriormente en 2006 el Máster de Fotografía en la escuela EFTI de Madrid, en su itinerario Concepto y Creación. En 2007 participa en Descubrientos Photoespaña como coordinador de voluntarios y ayudante de producción. En 2009 funda la galería de arte Gatos de Marte y entre 2009-2012 comisarío 7 exposiciones colectivas de fotografía, con autores como: Carlos Albalá, Blanca Galindo, Olivia Bee y Salva López entre otros. Además de tutor de las becas de formación fotográfica El Invernadero 2011, organizadas por la asociación Cienojos. En 2013 ha sido seleccionado para el visionado de porfolios del festival PhotoIreland, para la sección Itinerarios Fotográficos del festival PA-TA-TA de Granada, para los Encontros de Artistas Novos de Santiago de Compostela y para los Encontros da Imagem de Braga (Portugal). En Septiembre de 2013 se inauguró su primera exposición individual en la sala Kursala de Cádiz y fue publicado su primer fotolibro: "(NO) SOY DE AQUÍ", que ha sido incluido en la exposición "Fotos que son libros, libros que son fotos" en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.



(No) soy de aquí


1. Tu primer contacto con la fotografía.
Supongo que mi primer contacto con la fotografía fue un poco como el de todos. Las fotos familiares que daban fe de cumpleaños, comuniones, viajes y veraneos. Recuerdo con especial cariño algunas Polaroids familiares, que mucho más tarde descubrí que ni siquiera eran de Polaroid sino una imitación que sacó Kodak que al parecer fue bastante popular en España. Me encantaría poder decir que fui uno de esos niños que desde pequeños jugaron con una cámara, que tenía un laboratorio en el baño y cuyas manos olían permanentemente a fijador. Pero la verdad es que nada de eso me sucedió. Mi pasión eran los libros y no fue hasta los ventimuchos que me tropecé con la fotografía. En ese momento yo andaba trabajando en la empresa familiar pero tenía ganas de estudiar alguna cosa de índole creativa, pues era una espinita que tenía clavada hacía tiempo. Las opciones en ese sentido en Murcia eran limitadas y más aún las que pudiera compatibilizar con mi empleo. Basándome en otro de mis grandes amores, el cine, me apunté al ciclo formativo de Imagen, porque ese nombre era tan vago que ingenuamente pensé que algo debería de tener que ver con el cine o cosas similares. Enseguida vi que estaba total y afortunadamente equivocado. De lo que iba básicamente aquello era de fotografía, y más específicamente, de como ganarse la vida con ella. Yo entré allí sin tener ni idea de qué era un diafragma o un obturador. Pero rápidamente aquello me atrapó. En poco tiempo comprendí que la fotografía era una manera estupenda de poder decir cosas de muy diverso tipo. Que eran precisamente sus limitaciones lo que le daba su potencial expresivo y que, más allá de la pericia técnica, el auténtico desafío era encontrar algo que contar. Los dos años estudiando Imagen en el Ramón y Cajal coincidieron con una tremenda crisis personal y con la necesidad acuciante de cambios en mi vida con lo que, tras terminar el módulo, dejé mi trabajo, mi casa y mi ciudad para irme a Madrid a estudiar fotografía en EFTI. Tuve la suerte de coincidir con unos compañeros magníficos de los que aprendí aún más que de mis profesores de la escuela. En Madrid pensé mucho, pase mucho tiempo solo y leí muchos libros. Fotos hice muy pocas pero esa etapa fue fundamental para construir todo lo que vendría después.

2. ¿En qué estás trabajando ahora?
Después de llevar bastante tiempo definiéndome a mí mismo medio irónicamente, medio en serio, como un “ex- fotógrafo”, al final del año pasado me decidí al fin a abordar un trabajo fotográfico personal. Llevaba mucho tiempo con esa idea en la cabeza, pero lo que básicamente me frenaban eran mis inseguridades. Supongo que lo que más miedo me daba era decepcionarme a mí mismo: hay un cierto confort, aunque sea falso confort, en decirte a ti mismo que necesitas un tema apabullante o una idea tremendamente original que contar. Todo eso, lo he comprendido después, son simples trabas para no ponerte en marcha. A raíz del curso de Especialización en Fotografía Contemporánea que he terminado este año, organizado por Cienojos, me di cuenta de que en realidad los trabajos surgen de una combinación de dos elementos: fotografiar con intención y con constancia. Yo hacía muchas fotos, si, pero no había tras ellas una intención clara y sobre todo, no me había puesto en serio a intentar contar algo. Decidí que lo que iba a intentar transmitir en ese trabajo eran ciertas ideas e impresiones sobre aquello que tenía más a mano: mi entorno. Lo primero fue el título. Enseguida, no sé bien porque, llegue a él. Un buen título fija en tu mente la clase de ideas que tienen cabida bajo ese enunciado y, tras escribir en un cuaderno (NO) SOY DE AQUÍ, tuve mucho más claro de que iba el asunto. Luego lo cierto es que, a raíz de acumular material, las ideas se fueron depurando y creo que cada vez más he ido consiguiendo que las imágenes cuenten lo que a mí me gustaría que contaran.
(No) soy de aquí es un proyecto de fotos de paisaje que pretende trascender la simple descripción geográfica de un espacio para intentar indagar en ese concepto tan difuso como es la identidad de un territorio y de las gentes que lo pueblan. No se trata de una tesis o de una investigación científica sino de una acumulación de signos y pistas que admiten varias lecturas y que ofrecen una visión muy específica de este lugar. Mi intención es que tengan interés más allá de las fronteras de mi región, por supuesto. En ese sentido, creo que es útil considerar que las imágenes, más que sobre Murcia, hablan sobre ciertas creencias personales mías sobre esa región. Pienso que la realidad, en su enorme complejidad y dinamismo, no cabe en una fotografía. Pero creo que un conjunto de fotografías sí que puede expresar de manera convincente determinadas creencias o impresiones sobre la misma.



(No) soy de aquí


3. ¿Qué trabajos quieres abordar después?
Lo cierto es que es una cuestión a la que estoy dando vueltas. (No) soy de aquí ha tenido un alcance que no podría haber imaginado ni remotamente cuando empece con ello. La publicación del libro, la exposición individual, todas esas cosas han sido estupendas y por supuesto bienvenidas, pero me han despistado un poco. Mi intención, en cualquier caso, es seguir indagando sobre asuntos que que tengan un interés personal para mí. Quizá es generalizar demasiado pero creo que los trabajos más interesantes son aquellos que, partiendo de mirarnos el ombligo, hablan de cosas más allá de nuestro ombligo. No sé si por pudor o prevención pero personalmente no me veo abordando cosas que traten de mi vida o mis circunstancias de una manera muy explícita. Igualmente, me resulta complicado abordar cosas que me sean completamente ajenas. Creo que la exploración meditada de los propios intereses, que suelen tener orígenes muy variados, es un campo de trabajo excelente para cualquier proyecto fotográfico.
Lo que si que tengo claro es que también quiero seguir poniendo a prueba mis habilidades. Del mismo modo que en (No) soy de aquí me plantee el usar un formato, el vertical, que apenas había usado, creo que esas limitaciones autoimpuestas son una herramienta estupenda. Manejar un número limitado de elementos nos obliga a ser más precisos y dispersarnos menos. Una de mis limitaciones personales a la hora de hacer fotografías es la de fotografiar a personas desconocidas. No me refiero a robar fotos a lo street photography, que francamente no me interesa demasiado, sino el retratar a personas con las que no tenga vinculación. Con los amigos mal que bien lo consigo y las ideas que tengo en mente van por ese camino de ponerme a prueba. Eso, y trabajar con constancia pero sin prisas.



(No) soy de aquí


4. Qué trabajo de otro fotógrafo te gustaría haber hecho.
Yo creo que el problema de contestar a esto es que en realidad la pregunta lo que implica es ¿Quien te hubiera gustado ser? Pienso que la identidad personal, con esa suma de experiencias vitales, intereses, ubicación geográfica y temporal y mil ingredientes más del cóctel, está absolutamente entrelazada en el ADN de todos los trabajos fotográficos valiosos. Por mucho que admire (y admiro) a Alec Soth, no soy de Minnesota, no tengo una hija adoptada colombiana ni pienso con frecuencia en desaparecer del mapa. Bueno, esto último un poco sí. Igualmente, aunque me deje el pelo largo, me compre una Rolleiflex y me mude a Japón, nunca podré ser la precisa combinación de ingredientes que dan como resultado a alguien tan especial como Rinko Kawauchi.



Rinko Kawauchi


Pero lo que si que es cierto es que hay muchos fotógrafos que admiro y, la verdad, admito que muchos de esos son extranjeros. Supongo que en parte por ese prejuicio de pensar que lo de fuera es mejor o quizá simplemente porque esos grandes nombres han pasado un montón de filtros para llegar a ser tan conocidos. Para no eludir del todo la pregunta, que luego me acusan de escurridizo, me encantaría haber hecho viajes como los de Stephen Shore en los años 70, los que culminaron en "American Surfaces" y "Uncommon places". Me atrae profundamente esa cosa tan contradictoria de retratar una experiencia, incluso con un enfoque diacrítico, y a la vez ser invisible. La fotografía como problema formal, pero con toda una serie de implicaciones subterráneas muy interesantes al mismo tiempo.

5. Una foto tuya.
Espero que todas mis fotos buenas aún estén por hacer pero bueno, de las que ya están hechas me quedo con la del león y la palmera. Creo que esa foto resume perfectamente lo que quería contar en el proyecto. Curiosamente, una amiga descubrió donde está hecha pero, como yo no quiero ser esa clase de fotografos que cuando hablan de sus fotos describen lo que sale en las mismas y lo que les pasó cuando la hicieron, no contaré nada más. Lo importante está en la imagen.



(No) soy de aquí


6. Una foto de otro fotógrafo.
¿Solo una? Bueno, la que se me ha venido a la cabeza cuando he leído el enunciado ha sido esa famosa imagen de Robert Adams de la silueta de una mujer en el interior de una casa. Tiene un poco más de drama visual de lo que suelen tener las imágenes de Adams, pero es igualmente una imagen muy suya, con múltiples interpretaciones posibles.
Aunque tengo muchas imágenes en la cabeza, creo que aún no me pasa lo que sucede en ese pasaje del libro de Ernesto Sábato, "El Túnel".El protagonista, un pintor, se fija en la inauguración de una de sus exposiciones en como una joven se fija en un detalle que el considera crucial de una de sus pinturas, un detalle que todo el mundo pasa por alto. La joven se va sin que él haya podido hablar con ella pero un tiempo después, tras averiguar su identidad y plantearse mil veces como abordarla finalmente lo hace, de la manera más brusca, y le pregunta si recuerda el detalle del cuadro, la clave que espera que ella haya descubierto. "La recuerdo constantemente" responde ella.
No sé si a ese nivel pero no está mal aspirar a algo semejante: a que alguien recuerde constantemente algo que es valioso para nosotros.



Robert Adams


7. Una exposición que no olvidas.
"Madre Tierra", una exposición colectiva en PhotoEspaña 2006. Fue en el Centro Cultural de la Villa, en esas salas enormes. Por un lado encontrabas un montón de imágenes en blanco y negro de John Davies, sobre la transformación del paisaje en Inglaterra, una cosa muy sobria y seria, más interesante que excitante. Luego estaban unas imágenes apabullantes de Burtinsky, parajes destruidos de nuestro planeta que parecían otros mundos, planetas alienígenas hijos de la contaminación y la desmesura.
Pero no es por eso que recuerdo la exposición. En una sala pequeñita había una hilera de fotografías de pequeño formato, cuadradas. Era la primera vez que veía el trabajo de Rinko Kawauchi y su mezcla de profundidad y sencillez me impactó mucho más que las tremendas fotos de las salas grandes. Fue un flechazo instantáneo y, aunque con ciertas infidelidades por mi parte, nuestro idilio sigue adelante.

8. Tus tres fotógrafos de cabecera.
Juro que me encantaría decir algo original, algún nombre desconocido y brillante que os apabullara, pero la verdad es que mis fotógrafos de cabecera son elecciones evidentes para mí. Me interesan mucho William Eggleston, Stephen Shore y Alec Soth. Tanto sus imágenes como sus palabras sobre su trabajo (menos en el caso de Eggleston, que no suele contar demasiado sobre lo que hace) han estado mucho tiempo en mi mente. Pero dadme diez años y seguro que os respondo algo increíble.



Alec Soth, Dog Days, Bogotá




William Eggleston


9. Tus tres libros para una isla desierta.
Madre mía, esta clase de preguntas son un auténtico campo minado. Seguro que mi memoria me traiciona y digo cuatro idioteces de las que luego me arrepiento mucho tiempo. Pero bueno, aún asumiendo que estas cosas, por definición, son prácticamente imposibles de contestar razonablemente, responderé algo. "La invención de Morel" de Bioy Casares. Una pequeña novela (en extensión) de ciencia ficción, inmensamente relacionada con la fotografía. Uno de los libros que más veces he regalado. La citada antes "El túnel" de Ernesto Sábato. Una de los más dolorosos exámenes de cómo funcionan los celos y las obsesiones. Corta y brutal.La releí hace relativamente poco y, lo que tiene cumplir años, me pareció aún más certera que cuando la leí en la veintena. Aunque siempre fui más de Philip Marlowe y de su papi Raymond Chandler, reconozco que Dassiel Hammett hace mucho con muy pocos elementos, algo que me gustaría conseguir a mí con mi fotografía. "El halcón maltés" es una buena puerta de entrada a su mundo, y contiene la maravillosa anécdota de Flitcraft, en la que tantas veces he pensado. Los lectores de Paul Auster quizá entiendan de qué hablo...

10. Un libro clásico y otro contemporáneo español.
Ahora llega ese punto donde confieso que, aunque me encanta el formato fotolibro y estoy bastante dedicado a explorar sus posibilidades, ni mi biblioteca de fotolibros ni mis conocimientos al respecto son gran cosa. Mis lagunas son especialmente lamentables respecto a fotografía española clásica, sobre todo en lo que se refiere a su plasmación en libros. Pero si recuerdo haber visto con completa veneración un libro de principios de siglo de Ortiz Echague, en el que hacía una ingenua pero poderosa recopilación de tópicos y tipismos españoles. Las fotos eran tremendas y su reproducción aún más. Pena que la familia que me lo enseño lo considerase (lógicamente) un tesoro familiar y no desearan desprenderse de él.
Respecto a contemporáneo, pues sigo disfrutando mucho con "La caza del lobo congelado". Creo que es la perfecta bisagra entre los inicios de Ricardo Cases y sus investigaciones posteriores y me divierte y horroriza al mismo tiempo la crudeza con la que desnuda a un cierto tipo de gente que hace un cierto tipo de cosas sin que los retratados sean conscientes en modo alguno.



Ricardo Cases. La caza del lobo congelado


11. Un libro clásico y otro contemporáneo internacional.
Me acabo de dar cuenta de que, arbitrariamente, en la primera pregunta sobre libros he asumido que se hablaba de novelas y en estas dos he asumido que el tema eran los fotolibros. Bueno, para centrarnos en la pregunta, mi biblioteca fotográfica ha empezado a engrosarse este año. Al igual que tantas otras cosas, es un desarrollo relativamente reciente. Consecuentemente, hay libros de los que conozco más su reputación o sus vídeos que otra cosa, con lo que resulta complicado valorarlos adecuadamente.
De entre los que poseo y he manejado, uno de mis favoritos de los contemporáneos es "Redheaded Peckerwood" de Christian Patterson. La combinación de imágenes turbadoras, un acercamiento interesante a un tema sugerente y lo abierto de su narración, provoca que vaya descubriendo (o imaginando) pequeñas cosas en él cada vez que vuelvo a sumergirme en esa historia tan oscura, tan alejada y a la vez tan presente.



Christian Patterson. Redhead Peckerwood


De los clásicos, la combinación de dos libros tan distintos y tan complementarios como "American Surfaces" y "Uncommon places" es muy seductora para mí. Que los mismos viajes produjeran dos cuerpos de trabajo tan aparentemente distintos y tan influyentes hasta nuestros días me parece muy notable. Y bueno, al margen de su importancia, disfruto con las imágenes, las ideas y preguntandome si las imágenes de Shore reflejaban fielmente esa idea arquetípica que tenemos de la de Ámerica setentera o, si más que eso, contribuyeron a crearla.



Stephen Shore. Uncommon places


12. Hay que seguir la pista a...
Otra de esas preguntas complicadas. Mira, voy a poner lo primero que se me ha venido a la cabeza al leerla en esta ocasión. Seguro que me dejo mil nombres obvios pero voy a decir un par de ellos: El primero es el de Bego Antón. A pesar de ser muy joven, ya tiene un buen número de proyectos interesantes y su último trabajo, el de las hadas y los duendes en Islandia es de esos que me provocan una sana envidia, aún siendo consciente de que yo no sería capaz de hacer algo así de un modo tan sugerente, con una estética tan cuidada pero a la vez un contenido que, me parece, no se limita a juntar un puñado de imágenes hermosas. Creo que hay que seguirle la pista muy de cerca... y disfrutar de lo mucho y bueno que ya ha hecho.
Por otro lado, me gustaría citar también a la gente que hay en torno al Photobook Club Madrid. Es posible que ellos mismos se consideren tan solo un puñado de frikis de los libros pero yo creo que los pasos que están dando van a llevarnos a sitios interesantes. Empezaron como los demás Photobook Clubs viendo libros ajenos pero sus ganas de hacer cosas, de probar nuevos formatos y de implicar a la gente en crear sus propios experimentos literarios es algo que no solo habla de la buena salud del fotolibro en España sino de sus propias inquietudes como creadores. Así que muchas ganas de ver lo que se inventan para el futuro Boni, Juan, Ricardo, Olmo, Ana y el resto de la banda.



Bego Antón. Butterfly days.


13. El panorama fotográfico actual en España es...
...díficil de resumir brevemente. Pero quitada esta obviedad, sí que me parece que hay muchos fotógrafos y fotógrafas que están intentando usar la fotografía para contar cosas nuevas y hablarnos un poco tanto de ellos mismos como del mundo de hoy en día. Más allá de intentar buscar "fotazas" o de homenajear sin parar los éxitos y formulas del pasado, pienso que hay un caldo de cultivo interesante para la fotografía ahora mismo. La falta de apoyo institucional y que el gran público no sea consciente de todas estas iniciativas no es bueno para la sostenibilidad económica del asunto, pero creo que debería servir para impulsar una fotografía más arriesgada, que apueste más por las ideas que por ceñirse a formulas estéticas ya conocidas. La queja casi arquetípica de la falta de cultura visual en el gran público o la falta de una tradición que considere a la fotografía como un producto cultural de primer nivel son reivindicaciones que siguen teniendo todo el sentido pero que no deben paralizarnos. Ni triunfalismo ni visiones apocalípticas son demasiado útiles: lo único que podemos hacer es intentar aportar nuestro grano de arena para que la fotografía y la cultura sean lo que queremos que sean, por mucho que esté lloviendo en torno a estos temas.

14. Qué sobra y qué falta en la fotografía actual.
Pues sobra precariedad económica y todo lo que lleva unido: las prisas por triunfar, que llevan a tomar atajos poco recomendables, el adaptar nuestras ideas a formatos que creemos que tienen salida comercial, con lo que conlleva eso de autoengaño. etc. Proliferan las escuelas de fotografía pero a la vez se da la paradoja de que esas escuelas imparten enseñanzas que probablemente no podrán ser ejercidas de una manera profesional salvo en un puñado de excepciones. Sé que es una simplificación probablemente injusta pero tengo la sensación de que a veces las escuelas producen nuevas hornadas de alumnos que, más que destinados a ser fotógrafos, lo están a convertirse (con suerte) en futuros profesores de fotografía, en un ciclo que tiene mucho de absurdo. Pero aún con esa recursividad un poco insana, creo en la capacidad de muchas personas de producir trabajos serios y meditados (o arriesgados y locos, también me vale). Lo que temo es que la escasez de público y de mercado nos lleve al desánimo o a tirar la toalla pero creo que aún nos quedan fuerzas para empujar un poquito más.



(No) soy de aquí


15. Qué fotógrafo quieres ser.
Pues me gustaría ser uno que explorara sus ideas, sus creencias y su visión del mundo de maneras que resultarán no solo esclarecedoras para mí sino valiosas para otras personas, por pequeño que sea su número. Eso, que es tan sencillo de escribir y tan complicado de alcanzar, es lo que me gustaría conseguir con mi fotografía.

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